
El amor a la insensatez es difícil de conjugar con la imaginería simbólica, o al menos es lo que parece en un primer momento y es lo que se pensó durante mucho tiempo. Sin embargo, cuando empieza a difundirse la teoría de
Freud, que terminaría por consolidarse en escuela (paradigma sacrosanto en nuestro país), la posibilidad de hallar un sentido en lo absurdo, linda paradoja, repercutió en las mentes de unos pocos pero destacables artistas. La ausencia de razón en estructuras simbólicas poco estructuradas terminó por fascinar a los artistas surrealistas, y esto dió lugar a creaciones sumamente interesantes.
El que ya frecuenta este blog sabe de mi admiración por el genio de
Dalí, y el que está interesado por Dalí debe saber de su participación con
Luis Buñuel en el corto cinematografico
Un perro andaluz (Un chien andalou). Buñuel filmó esta exquisita pieza en 1929; en ella se plasman directamente y sin ningún tipo de criterio más que el de la asociación libre freudiana, toda clase de imágenes que remiten pricipalmente a sueños tenidos por Buñuel y Dalí. Porque claro, en los sueños, en los paisajes oníricos, cobran una viva expresión los pensamientos más ignorados durante la vigilia, sucediéndose en una secuencia incomprensible (la mayoría de las veces) de imágenes y situaciones absurdas que aparentemente carecen de sentido; pero ya sabemos que (según el psicoanálisis) esas imágenes poseen una calidad simbólica extraordinaria.Igualmente, todo lo que podamos decir de la interpretación de los sueños es irrelevante, o así debería serlo, al momento de apreciar Un perro Andaluz. Es que lo que Buñuel y Dalí quieren es justamente sumergirnos en la irracionalidad de su mundo (que intenta aproximarse a la del inconsciente freudiano). Nada más. Las secuencias son desconcertantes, las situaciones mucho más, incluso los separadores temporales son ilógicos. Pero vano es el intento de interpretar algo más. Yo quise hacerlo pero me di cuenta de que no llegaría a nada.
Mejor es sentarse y exponerse a la suceción de escenas impactantes, como la de Buñuel (él actúa al principio) que corta con una navaja el ojo de una mujer. Ese momento espeluznante (y en primer plano encima) quedó grabado para siempre en la historia del cine.
Un perro andaluz. Parte 1