miércoles, 6 de agosto de 2008

Luego de ver Mulholland Drive

Los seres humanos, a partir de cierta edad, somos capaces de planificar un sin fin de acciones sucesivas para alcanzar nuestros diferentes objetivos. Cuando somos capaces de desarrollar plenamente nuestros razonamientos, de explotar las posibilidades de nuestra conciencia, creemos obrar de manera voluntaria, y en cierta medida lo hacemos realmente. Pretendemos ejercer control sobre las situaciones, a pesar de que en algunas ocasiones esto se vuelva muy difícil. Pero por supuesto que son incontables las veces en que las circunstancias juegan en contra de nuestras suposiciones y pretensiones. En estos casos las alternativas subsiguientes que se le presentan a la persona son diversas, y dependen de un amplio conjunto de factores (por ej: la importancia que reviste el objetivo, la motivación del sujeto, la influencia del contexto, etc.) Un individuo inteligente sabrá como afrontar las complicaciones que se presentan en su camino al logro de su meta, bien puede cambiar sus estrategias buscando las que sean más adecuadas en el momento, bien puede buscar una alternativa en el logro de su objetivo. Otra clase de individuo podría renunciar a esa meta, podría considerar que el objetivo es "postergable" o aún que no fuera lo suficientemente significativo para su persona, incluso podría sentirse presionado directa o indirectamente por aquellas personas que lo rodean, resultando entonces que por obediencia o conformidad su objetivo sea suprimido. Todas estas situaciones hipotéticas son posibilidades que efectivamente se dan en la vida cotidiana, de hecho las experiencias por las que atravesamos hacen que nos situemos a veces en el lugar del individuo inteligente que puede alcanzar su objetivo, y otras veces en el lugar del individuo sometido a la influencia del contexto interpersonal.
Pero hay otros casos (que no necesariamente se tienen que dar en todos los individuos en la vida cotidiana) en que la persona es "ciega" a las adversidades, no puede percibir los impedimentos a la realización del objetivo, no es conciente de que no posee el control de la situación. Si además consideramos en estos casos a personas que no sufren un perturbación mental de ningún tipo, el tema se vuelve más interesante. Tengamos en cuenta además que muchas personas que se encuentran en esta situación deforman la "realidad", los hechos que efectivamente estan vivenciando. Es como alucinar, transitar experiencias en las que los hechos son groseramente modificados en función del deseo de la persona (siento que me estoy volviendo muy impreciso con los términos). Debe ser porque pienso esto que me llaman mucho la atención aquellas personas que ven todo "color de rosas".
Ahora bien, el psicoanálisis, o para ser más específico, Freud, sugirió que en los sueños (y me refiero a los productos oníricos que aparecen en el estado del dormir) es frecuente que se de este proceso de "deformar la realidad" en función de un deseo (y ahora sí que hablamos de todas las personas).

Antes de continuar con este palabrerío, quien esté leyendo seguramente se habrá preguntado: ¿por qué carajo Mr. Pergio escribe sobre esto?. Bueno, lo que sucede es que vi la película Mulholland Drive (El camino de los sueños), y el señor David Lynch ha logrado que mi cabeza no pueda dejar de esbozar interpretaciones de la historia narrada en la película (porque, a pesar de no ser lineal, es un relato). El tema es que el personaje de Betty (a cargo de Naomi Watts), quien en realidad se llama Diane Selwyn, es del último tipo de persona que describí. Se encarga de deformar una "realidad" adversa y de crear toda clase de incoherentes momentos, pero que tienen la función de asegurar, aunque sea un trabajo inconsciente, el hecho de que ella es una gran actriz, que el papel protagónico de la película es suyo y que es amada por la persona a quien desea; esto visto a un nivel más amplio representaría el deseo de triunfar en Hollywood y ser estrella de cine. Si continuamos por esta vía, la interpretación podría concluir básicamente que la mayor parte de la película es el sueño de Betty, reforzado por el hecho de que muchos elementos de las vivencias de Betty, como ser nombres, personas, lugares, son intercambiados por otros y alterados espacial y temporalmente, lo que vendría a emular al trabajo de elaboración onírica descrito por Freud.

Pero claro que esta interpretación no agota todo el contenido de la película, quedan muchos otros aspectos que pueden ser explicados de otra manera, y ese es el juego propuesto por Lynch, el de tratar de buscar sentido y estructurar algo aparentemente absurdo. Pero a mí me quedó resonando ese tema de la persona que no puede afrontar una situación que contradice sus objetivos, y que no controla, siguiendo el particular camino de distorsionar los hechos, vivir en un mundo de ilusiones y fantasías, lo que tarde o temprano terminará ocasionando una terrible frustración en la persona al caer en la cuenta de que en realidad las cosas no son como pretendia que fuesen, y ese es otro cantar (el final de la película no es muy alentador al respecto).

Una de los mejores momentos de la peli es la escena del club "El Silencio": "Silencio... No hay banda, no hay orquesta..."; la música se escucha perfectamente sin nadie que la ejecute, lo que está a tono con la idea de que no hay impedimento para que suceda lo que quiero que suceda. La siguiente escena también puede verse de esa forma, aunque también podría hablar de una visión siniestra que Lynch tiene acerca del mundo del espectáculo, pero eso ya me llevaría a otro puerto. En fin, acá dejo la escena en cuestión, una de mis favoritas de la película.

2 comentarios:

la churrasquita dijo...

Mi querido, vos estás sugiriendo que yo estoy loca? Jajajaja.
Me reí mucho por el comentario que me dejaste, sin lugar a dudas tiene relación con tu post.
Ya sabes que lo mío era una broma... lo sabes, no? Jurame que sabes que era una broma!!!

Beso

Mr. Pergio dijo...

Si Churrasquita, es una broma, una broma...