martes, 1 de enero de 2008

Una lucha constante

Anoche a la hora de brindar pensaba qué curioso es el hecho de que luego de un fragmento reducidísimo de tiempo las personas perciban que se ha pasado de un año a otro, que sientan que se acababa de terminar un segmento de la vida y que instantáneamente comenzaba uno nuevo. Eso me llevó directamente a reflexionar sobre mi particular relación con el tiempo. Es que lo pienso mucho y me pienso mucho, pienso mucho la relación entre ambos.
Si bien considero que la capacidad de percibir relaciones temporales es innata, el tiempo se ha construido socialmente. O sea que la temporalidad es inherente a la especie, pero el tiempo es construcción sociohistórica, siempre.
Mi relación con el tiempo es conflictiva, principalmente porque contradice constantemente a mi percepción de las relaciones temporales. Aunque tendría que hacer la salvedad de que mi percepción de temporalidad no es una mera capacidad innata, sino que se ha ido complejizando y estructurando a través de sucesivas experiencias a lo largo de mi vida.
Y es sabido que la contradicción entre la percepción de las relaciones temporales y el tiempo como construcción social se da en cada ser humano consciente (hay minutos que para algunos pueden ser horas por ejemplo). Lo que en mí se torna particularmente conflictivo es la concepción social actual del tiempo. Velocidad y eternidad (paradójicamente en simultáneo) son las formas que adopta el tiempo en nuestros tiempos. Son los estándares que moldean nuestras prácticas cotidianas y distorsionan en gran medida nuestra cosmovisión. Se valora lo que es rápido, se aprecia lo que mantiene su juventud eternamente.

Soy inpuntual, lo reconozco, y sufro las consecuencias de no adaptarme al tiempo construído. El tiempo está organizado de una manera que si uno se detiene a pensar, parece adecuada (nuestra vida sería un caos sin determinada organización temporal); aunque claro que la organización del tiempo en años, días, horas, minutos, segundos, etc, está totalmente naturalizada. Ahora bien, la mayoría de nuestras actividades en el medio externo, el cultural (diferenciado del psíquico y del biológico o circadiano) se rijen por el orden temporal sociocultural (piensen en el cambio de horario promovido por el gobierno). Así hay un horario estricto para cualquier actividad, existe una puntualidad. pero sucede que yo no puedo evitar la inpuntualidad. Si el horario de un laburo empieza a las 15hs, y yo llego a las 15.05 estoy llegando tarde, no importa que en la existencia de la vida, que en la inconmensurabilidad del universo 5 minutos no sean un período temporal muy significativo. Pero si llego un día 5 minutos tarde es probable que mi compañero/a del turno anterior me mire con cara de orto. Y si se hace recurrente definitivamente voy a tener problemas laborales. No importa que pida disculpas. Por más que yo no lo haga adrede, por más que a mi me duela no poder vencer las marcas del tiempo, por más que me desespere el hecho de llegar tarde, de que me angustie por haber sido vencido, a las otras personas no les importa en absoluto, porque no estoy respetando el tiempo supuestamente elegido, el tiempo sostenido por una convención social. Entonces mi lucha con el tiempo es constante.

Otra de las cosas que me molesta de mi inpuntualidad es que en mi desesperado esfuerzo por cumplir con las pautas horarias me transformo automáticamente en un agente de la cultura de la velocidad. Me culpo por ser otra persona más que vive caminando apurado, que a veces busca cruzar rápido la calle aunque el semáforo esté en rojo, como así también lo hacen los conductores. O hay veces en que el estudio, el conocimiento, que tantas veces me empapa de placer y se incorpora a mi mente, termina por enajenarse, por ser una presión que viene desde afuera. En mi intento por llegar bien a los exámenes termino resignando muchas cosas, leyendo todo por arriba (a veces ni leyendo, sino pidiendo resúmenes). La lectura deja de ser placer para convertirse en una carrera, no contra el tiempo, sino en el tiempo, con el fin de cumplir la puntualidad que determina el momento del examen.
Ni hablar de la puntualidad en la duración del examen. Ahí si que tengo complicaciones. Mi forma de escribir, de sintetizar ideas, de no escribir automáticamente las cosas, me lleva a elaborar respuestas de una forma que requiere mucho tiempo. Siempre soy de los últimos en entregar (el último muchas veces), y últimamente ni llego a terminar los exámenes. Por algo será que me luzco más en los exámenes orales. Me pone nervioso ver como en un escrito los demás escriben a toda maquina, llenando carillas y hojas a un ritmo que me deja perplejo. Yo no soy así, yo no puedo ser así (lamentablemente).

Cuando estaba en el secundario (apenas hace 3 años) recuerdo que para una materia había que elegir un cuadro e interpretarlo. A mí me fascinaba un cuadro de Dalí (de hecho Dalí sigue fascinándome), ese cuadro es ni más ni menos que "La persistencia de la memoria". Ignoraba por aquél entonces cual era la interpretación adecuada a esa genial obra. Recuerdo que mi atención se dirigía casi exclusivamente a los relojes blandos. En el trabajo puse que la voluntad de Dalí era doblar, torcer los relojes, que lo de él era una lucha contra el tiempo. Y eso obviamente era un proyección sobre él. A mí me gustaría doblar, distorsionar, romper, explotar relojes, que mi pulsión de muerte se dirija a aniquilar todo aquello que me ata al tiempo social.
Soy ingenuo, esa intención es inapropiada, si todos quisieramos hacer lo mismo no habría más conclusión que el caos.
Soy irresponsable ante los ojos de muchos, aunque no ante sus palabras. Yo no me siento así, pero sé que mi falta con los demás es perjudicial (y más que nada para mí!!!).
Pero a veces me tomo revancha y tengo mis momentos en donde el tiempo no existe, sólo subyace una percepción subjetiva. Momentos que no tienen una finalización fijada de antemano. Sería ideal que esos momentos ocuparan una amplia parte de mi experiencia. Pero la realidad irrumpe siempre con un bofetazo...

9 comentarios:

EMO dijo...

Es que la vida es dura y mejor partirla de vez en cuando con un fin de año.
A mi me gustaría que hayan festejos también a mitad de año asi no hay que esperar 365 ds.

Lucas dijo...

www.terceraroca.blogspot.com

El Mostro dijo...

Querido Pergio, el tiempo no existe.
Yo llego cuando llego y me voy cuando me voy. Nunca usé reloj. Que se yo.
Respecto a "...me lleva a elaborar respuestas de una forma que requiere mucho tiempo...", practique.
Un abrazo mostro.

Mr. Pergio dijo...

Es verdad lo que decís Emo, a la vida hay que partirla de vez en cuando...

Mostro, por más que practico no me sale.

Me parece que en realidad lo mío está más para una terapia jeje. Aunque un blog tiene algo de catártico...

El Mostro dijo...

Volví a releer el post (soy viejito y las cosas tardan en ser comprendidas).
Una cosa es ser impuntual y otra luchar para serlo. Al menos eso me parece que hacés. Sin mal ánimo ¿lo hablaste con un psicólogo?
Un abrazo.

EMO dijo...

jejejeje

Mr. Pergio dijo...

No lo hablé con un psicólogo. Cuando consiga laburo y no lo pierda por llegar tarde me voy a poder bancar unas buenas terapias jaja

Little Snail dijo...

Comparto en gran medida lo que escribiste... Yo también suelo ser impuntual y me gustaría no serlo, pero tengo que admitir que a veces siento un extraño orgullo por no vivir limitada de esa forma, del que a veces me avergüenzo. Me molesta decir a qué hora vuelvo de un paseo, a qué hora termino tal actividad o a qué hora pienso hacer tal cosa. Por eso, yo también me aseguro de tener algunos momentos donde no hay horarios, creo que son sumamente importantes...
Y con respecto a tomarse un tiempo para pensar cómo decir las cosas, me parece perfecto. Es lo que más hace falta en este mundo, sentido crítico y selección, vivimos en la época de la comunicación masiva y eso no nos incentiva a ahorrar palabras, al contrario... Probablemente aquellos que escriben todo lo que se les ocurre sufran menos tensión y terminen antes, pero sus redacciones suelen ser un despliegue de datos inconexos sin sentido alguno... siempre aprender es más importante que cumplir.
Me gustó mucho lo que escribiste, si es efecto del alcohol (por lo que dice en la etiqueta), serías la primera persona que conozco cuya productividad se encuentra estimulada por sus efectos...

Besos!!

Mr. Pergio dijo...

Muchas gracias Little Snail.
Al escribirlo ya había dormido lo suficiente como para que se vaya el efecto del alcohol jeje. Pero puse la etiqueta alcohol porque me hace acordar a las charlas de este tipo que tenemos con mis amigos cuando nos ponemos a tomar jeje. Cuando el nivel de alcohol no es tan elevado solemos tener este tipo de conversaciones.